Narrado por William
Habían pasado cinco días desde la desaparición de Ana y los seis guardias, y la policía no había encontrado ni un solo rastro. Ni un pelo, ni una huella, ni una llamada, ni una petición de rescate. Nada. Como si se los hubiera tragado la tierra. Como si nunca hubieran existido.
Jackson estaba destrozado. No solo porque los guardias desaparecidos eran sus hombres, sino porque Ana, la mujer que había trabajado en la mansión durante quince años, la que le preparaba el café cada