56: El Refugio.
Llegué a mi habitación, cerré la puerta y giré el seguro. El clic resonó en el silencio como un disparo.
Me dejé caer contra la puerta, resbalando hasta quedar sentada en el suelo, con las rodillas pegadas al pecho y los brazos rodeándolas. Lloré. Lloré como no lloraba desde que había llegado a este país. Lloré por todo lo que había perdido, por todo lo que nunca tendría, por todo lo que había sido y ya no era.
Afuera, oí sus pasos acercarse. Se detuvieron frente a mi puerta.
—Helena. —Dijo Wil