Y como si todo estuviese a favor de thiago. Ahora les correspondía un viaje de negocios muy importantes que aunque Jimena quisiera negarse a ir no podía.
El viaje había sido largo, pero no tanto como las horas de silencio que lo acompañaron. Desde que salieron de la ciudad, Jimena se había sentado junto a la ventanilla del avión, los brazos cruzados y la mirada fija en el horizonte, como si pudiera encontrar allá afuera una excusa para no verlo. Tiago, en cambio, la observaba de reojo, captura