Y los días seguían pasando. Ya eran cinco días en los que Jimena seguía sin el brazo a torcer.
El aire de la sala de juntas estaba denso, cargado de esa electricidad invisible que solo aparece cuando las personas que se detestan tienen que compartir el mismo espacio. Desde que Tiago había sido anunciado como nuevo socio, cada reunión y evento corporativo se había convertido en un campo minado para Jimena.
Sentada al extremo de la mesa ovalada, revisaba sus notas con un bolígrafo que giraba ner