El salón de eventos seguía envuelto en un halo de emoción y asombro. Las luces cálidas acariciaban cada rincón, mientras las flores frescas desprendían ese aroma sutil que parecía envolver a todos en una burbuja de intimidad colectiva.
Ella dejó escapar una risa nerviosa, ahogada por las lágrimas. Bajó la vista otra vez al anillo, y, con un suspiro, dejó que sus hombros se relajaran.
—Sí —dijo, apenas audible, pero suficiente para que Tiago la escuchara.
La sala estalló en aplausos. Las luces v