Y por si fuera poco los días avanzaron y Jimena seguía sin perdonar. Eso sin duda era frustrante para él, pero seguía sin darse por vencido. Llamadas y mensajes llegaban al teléfono de Jimena y aunque no le respondía, él seguiría insistiendo.
Lo que thiago no sabía era que ya Jimena estaba en un punto donde ya no quería seguir haciéndose la difícil.
La ciudad parecía un tapiz de luces que se encendía y apagaba al ritmo de la noche. Los rascacielos recortaban su silueta contra un cielo en el qu