Capitulo 57

La mañana se filtraba por los ventanales de la mansión como una caricia dorada.

El aroma del café recién hecho y de panecillos tibios llenaba el comedor, mezclándose con el perfume tenue de las flores que Tiago había mandado traer la noche anterior y que ahora adornaban la mesa.

Jimena estaba sentada junto a la ventana, con el cabello recogido en una coleta alta y un vestido ligero color crema. Tenía en la mano una taza de porcelana, y sus ojos, todavía brillantes por lo vivido la noche anterio
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