La mansión de Jimena estaba envuelta en un silencio sereno cuando llegaron.
El eco suave de sus pasos sobre el mármol de la entrada se mezclaba con el murmullo distante del viento, que agitaba las copas de los árboles del jardín. El evento había quedado atrás, pero la energía y el vértigo de lo vivido seguían vibrando en sus cuerpos.
Tiago cerró la puerta con cuidado, como si temiera romper ese delicado hechizo que aún los envolvía. Se quitó el saco y lo dejó sobre el respaldo de una silla cerc