El eco de la puerta cerrándose tras la reunión aún resonaba en la cabeza de Jimena cuando entró a su oficina. La respiración le iba más rápida de lo normal, y aunque trató de mantener la espalda recta, sentía un temblor sutil en las manos. El aire en el despacho estaba ligeramente más frío que el resto del piso; el zumbido constante del aire acondicionado contrastaba con el silencio tenso que se había instalado. Afuera, en el pasillo, los pasos de secretarias y asistentes sonaban como un rumor