Jimena se detuvo frente al edificio de Tiago. El corazón le latía con tanta fuerza que podía sentir su pulso en las sienes. La fachada estaba tenuemente iluminada, y el aire de la noche era tibio, cargado de una expectativa eléctrica que parecía envolverlo todo.
Respiró hondo, intentando calmarse. No era solo el deseo lo que la impulsaba, era algo más profundo. Desde que Tiago había irrumpido en su mundo ordenado, nada era igual. Él removía todo en su interior: la hacía sentir vulnerable, viva,