Desde que Tiago apareció en su vida, Jimena sentía que todo había cambiado.
Su mente, antes un espacio ordenado de cifras, contratos y estrategias de negocios, se había convertido en un campo de batalla donde pensamientos incontrolables peleaban por su atención. Ya no podía caminar por los pasillos de la empresa sin sentir cómo su piel recordaba la caricia suave de sus dedos, el roce de sus labios en su cuello, el calor abrumador de su cuerpo tan cerca del suyo.
Cerró los ojos por un momento mi