Mundo ficciónIniciar sesiónIsabelle se plantó frente a los portones de la mansión Helmont con el bebé dormido sobre su pecho, envuelto en una manta que todavía olía a hospital y a miedo. El hierro negro de los portones se elevaba como un guardián implacable, frío e impenetrable, recordándole exactamente todo lo que había intentado dejar atrás.
Por un instante, pensó en entrar. En cruzar ese camino con Andrew en brazos, mirarlo todo de f







