Mundo ficciónIniciar sesiónIsabelle se plantó frente a los portones de la mansión Helmont con el bebé dormido sobre su pecho, envuelto en una manta que todavía olía a hospital y a miedo. El hierro negro de los portones se elevaba como un guardián implacable, frío e impenetrable, recordándole exactamente todo lo que había intentado dejar atrás.
Por un instante, pensó en entrar. En cruzar ese camino con Andrew en brazos, mirarlo todo de frente, enfrentar a Alejandro, soportar sus preguntas, su desconcierto, su dolor y decirle la verdad. ¡Toda la verdad!
Pero apenas dio un paso hacia la entrada, su cuerpo se tensó. Un latido brusco le subió por el pecho como una advertencia.
Imaginó a Alejandro al verla aparecer así, con un bebé recién nacido. Imaginó el caos. Imaginó su voz envuelta en sorpresa, su desesperación. Imaginó las mentiras y las







