La noche había caído sobre la mansión Helmont con una calma extremadamente engañosa. Desde el exterior, el lugar parecía un lugar de orden y poder: luces apenas encendidas, jardines impecables, silencio contenido. Pero en la distancia, como un eco que se negaba a morir, el retumbar de la música de una de las fiestas de Paris se filtraba en el aire. No era molesto, no era escandaloso… era lo suficiente como hacerse notar y saber que ella aun no dejaba su vida de desorden y desinterés por la fami