el estruendo del relámpago me hizo abrir los ojos de golpe. La luz blanca cruzó el cielo, filtrándose por las cortinas pesadas de mi habitación. El viento silbaba con fuerza, colándose por la ventana que olvidé cerrar. Me levanté con rapidez, con los sentidos aún medio dormidos. Cuando me acerqué para cerrarla, vi movimiento en los jardines, justo en la entrada principal del castillo.
Betas... y entre ellos, Leif.
Mi corazón dio un vuelco. Bajé la mirada para asegurarme de que no alucinaba. Pero