Astrid
El viento del bosque silbaba entre los árboles altos y frondosos mientras mis pies se deslizaban con firmeza sobre el suelo. Ronan me lanzó un ataque lateral que esquivé con agilidad, girando sobre mí misma para golpear con la palma extendida su abdomen. Él retrocedió un paso, pero sonrió.
—Más fuerte, Astrid. ¿Eso es todo lo que tienes?
—Estoy calentando, no quiero dejarte en ridículo tan pronto —le respondí con una sonrisa traviesa.
Nuestros cuerpos danzaban en combate, sincronizados