Astrid
Rony me miraba como si el mundo se hubiera detenido. Su mirada estaba cargada de confusión, incredulidad y… un dolor que me atravesó el alma. Le acababa de contar todo. Lo que era. Lo que él era. Lo que Catrina le ocultó durante todos estos años.
—¿Entonces… tú eres mi madre? —susurró, su voz apenas un eco.
Asentí, tragando el nudo que se me había formado en la garganta.
—Sí, Rony. Yo soy tu madre. Y todo lo que hice fue para encontrarte.
Él desvió la mirada, su rostro endurecido.
—No