FREYA
El viento soplaba con fuerza en la cima de la colina. El sol, alto en el cielo, parecía brillar con solemnidad sobre nosotros. Frente a mí, el féretro del rey era cubierto lentamente con tierra, la exhumación culminaba bajo la mirada grave de la manada.
Caleb estaba de pie a mi lado, tan rígido como una estatua. Su rostro era de piedra, impenetrable, sin una sola grieta de emoción. Me resultaba imposible no mirarlo, no buscar aunque fuera un mínimo gesto de tristeza, algo que me confirma