FREYA
El sudor resbalaba por mi nuca mientras giraba con agilidad, la espada de entrenamiento firmemente sujeta entre mis manos. Las hojas del bosque temblaban a mi alrededor, como si mis movimientos alteraran el equilibrio mismo del entorno.
Cada golpe, cada giro, cada bloqueo... todo me devolvía a esos días bajo el sol del Reino del Viento. Cuando Astrid, mi madrastra, me enseñaba a defenderme no solo con el cuerpo, sino con el alma. Ella decía que una mujer debía ser su propia guardiana. Qu