EUNICE
El primer dolor que sentí fue como si me atravesaran el cráneo con una lanza de hielo. El segundo, fue peor: la confusión. Como si todas las piezas de mi alma hubieran sido mezcladas y ahora no encajaran.
Y luego vino la angustia.
El olor era distinto.
El aire… el bosque… la vibración del mundo. Todo era más denso, más opaco. Más… humano.
No estaba en casa.
Me incorporé tambaleándome. La hierba húmeda se pegaba a mis brazos mientras me apoyaba torpemente en el tronco de un árbol. Sentí a