La luna llena estaba justo encima de mí, redonda, blanca y distante. Su luz caía como una caricia cruel sobre el bosque, iluminando los troncos, las hojas… y mi alma rota.
Aullé en silencio.
No tenía fuerzas para más.
El viento entre los árboles era lo único que respondía, moviendo mi cabello y removiendo los recuerdos que no me dejaban respirar.
Mis hijas…
Mis pequeñas…
Anna y Hanna.
Se habían ido.
Las había perdido en ese túnel maldito.
Y Eunice… ella también.
Me arrodillé sobre la tierra húm