NAIN
La cadena que tenía entre mis manos... era inconfundible. Oro viejo, el dije en forma de luna creciente. Mi padre la llevaba siempre, como símbolo de su liderazgo, de nuestra sangre. Juraba que era un amuleto de protección heredado por generaciones.
—No puede ser... —susurré, como si hablarlo en voz alta pudiera hacerlo menos real.
Esa cadena había desaparecido el día que mi padre murió. Lo buscaron por todas partes, incluso creyeron que los enemigos la habían tomado como trofeo de guerra