El ser frente a ellos se mantenía inmóvil. Era una figura que parecía hecha de sombras y luz al mismo tiempo. Sus ojos amarillos brillaban intensamente, y su silueta se alzaba por encima de Vladislav y Adara, como si fuera una presencia más allá de lo humano. No era un espectro, ni un demonio, pero su aura era tan antigua que parecía haber existido desde los albores del tiempo.
—¿Quién eres? —demandó Vladislav con voz profunda, pero teñida de una mezcla de desconfianza y desafío. No tenía miedo