La tormenta había cesado apenas unos minutos atrás, pero el aire sobre la isla todavía estaba cargado de electricidad. Un silencio tenso dominaba el claro en el que Eryndor había dispuesto los círculos de protección. Las runas brillaban con destellos azulados, respirando lentamente como si fueran organismos vivos. Vladislav permanecía inmóvil, con los brazos cruzados, la mirada clavada en el cuerpo de Ionela que yacía en el centro del círculo. Blade, a su lado, daba pasos cortos, impaciente, co