La oscuridad del departamento se estiró, viva, como si respirara con ella. Adara sintió primero un cambio en la temperatura: un frío súbito que le recorrió los brazos, helándole la piel. Luego vino el silencio. Un silencio demasiado denso para ser normal, como si las paredes hubieran absorbido todos los sonidos de la ciudad.
Adara salió del cuarto principal como si aún caminara entre dos mundos. Su respiración era irregular, cada paso era un esfuerzo para no ceder al vértigo que la seguía como