Adara dudó, pero la voz sutil de Irina la empujó a actuar, ocultaba su verdadera intención. Al salir de la camioneta, Adara sintió una presencia extraña en el aire. Un peso en el pecho, como si algo estuviera por ocurrir.
En ese momento, varios hombres encapuchados aparecieron de entre la maleza, rodeándola rápidamente. Adara retrocedió, el miedo se reflejó en sus ojos. No había forma de escapar, no había manera de luchar.
—¿Qué... qué está pasando? —preguntó con su voz quebrada por el pánico.