La mansión de Vladislav estaba rodeada de silencio. La luna llena, alta y distante, iluminaba las sombras que se extendían sobre el jardín mientras Irina observaba desde la ventana de su habitación. La rabia burbujeaba en su interior, la mezcla de celos, odio y frustración que se había acumulado durante meses, estaba a punto de hacerla explotar. Pensaba que todo había cambiado desde que Adara había entrado en la vida de Vladislav. Irina había sido la favorita, la amiga, la amante, la aliada con