La mansión Drakos estaba envuelta en una calma inquietante, como si la misma tierra respirara una tensión que nadie podía disimular. Aunque la disputa interna de la manada parecía estar en su punto más álgido, el aire en la mansión se sentía más denso, como si todo estuviera esperando una chispa que desatara el caos. Vladislav caminaba por los pasillos de su hogar, con la mirada fija en nada en particular. Había algo en su interior que lo atormentaba; el vínculo con Adara se había fortalecido m