El edificio del bufete parecía distinto a esa hora.
No estaba más luminoso. Se veía más expectante.
El vidrio espejado reflejaba la ciudad. Adara cruzó el acceso principal con paso firme, tacones negros precisos sobre el mármol pulido, el abrigo gris claro que lucía le caía con elegancia sobre los hombros. Por fuera, era la imagen de siempre: control, compostura, presencia.
Por dentro… algo no encajaba del todo.
No era miedo lo que sentía, sino desgaste.
Christian ya la esperaba en la sala de j