Adara lo desconocía pero en las instalaciones del bufete donde lleva años trabajando, había un área que desconocía su existencia. Un área que Christian le ocultó deliberadamente.
El ala oeste. Esta ala del bufete no aparecía en los recorridos habituales.
No estaba señalizada.
No figuraba en los planos que les entregaron cuando adquirieron la propiedad del inmueble, o eso fue lo que acordó Christian con la constructora encargada de su acondicionamiento y posterior venta. No porque estuviera prohibida, sino porque había dejado de ser necesaria. Era una zona antigua del edificio, heredada de una administración previa, conservada más por inercia que por uso, y que para Christian le cayó perfecta a los planes que siempre tuvo.
Christian caminaba por ese corredor como si le perteneciera desde siempre.
—Ven, acompañame —le dijo a Adara luego e que ella decidió hacer una apusa para tomarse un café.
Como ya parecía costumbre en ella, no vio mal en hacerlo, y más porque la guiaba por un espacio