El agujero en el hielo ya no burbujea.
Solo queda el agua negra. Quieta. Como lápida sobre algo que no merece nombre.
Prometeo tardó tres minutos en hundirse. Llevo diez parado en el borde, mirando ese negro, y todavía no puedo procesar que ya no existe.
Dante se acerca. Su hombro roza el mío.
No dice nada. Solo está.
A veces eso es todo lo que se puede hacer.
Nos alejamos del borde cuando el frío empieza a morder con intención real.
El viento antártico no avisa. Simplemente llega y decide que