El círculo de combate estaba marcado con piedras en el exterior de la cueva, en la explanada natural que los siglos habían nivelado en la ladera.
A tres mil metros, con el viento cortando horizontal y la nieve de los picos brillando en el horizonte como un recuerdo de que el mundo era vasto y frío y no particularmente interesado en los problemas de nadie.
Lucía se quitó la chaqueta.
El frío llegó de inmediato, pero el cuerpo de loba tenía sus compensaciones. La temperatura corporal más alta. La