El bote salvavidas golpeó las rocas con un crujido enfermizo.Llegamos a la costa este justo cuando el amanecer teñía el cielo de gris perla. Éramos seis: Dante, Sera, Kael, otros dos lobos que no conocía bien, y yo. La alarma había despertado a toda la manada, pero solo los guerreros más experimentados habían venido a investigar.Y yo, aparentemente. Dante había intentado dejarme atrás, pero una mirada fue suficiente para que entendiera que no iba a funcionar.El bote era de los que usan los barcos de investigación, naranja brillante con el logo de una empresa que no reconocí. Estaba volcado, medio hundido en el agua helada, las olas golpeándolo rítmicamente contra las piedras negras.—¿Hay alguien? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta. El olor a muerte era inconfundible, incluso para mi nariz todavía en entrenamiento.Kael se adelantó, transformándose a medida que se acercaba. Sus manos humanas giraron el bote con un gruñido de esfuerzo.Debajo había un cuerpo.Un hombre joven, t
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