El primero llegó antes del amanecer.
Sera lo vio desde la ventana: una silueta gris en el borde del bosque de lengas, inmóvil entre los troncos retorcidos por el viento de Tierra del Fuego. Llevaba ahí al menos veinte minutos antes de que el movimiento de Sera en la ventana lo hiciera reaccionar. No huyó. Se sentó.
Era un lobo. Grande, de pelaje oscuro manchado con gris, con los hombros bajos en una postura que no era sumisión exactamente sino algo anterior a ella: la postura de algo que ha olv