La mañana no trajo ruido, sino una textura distinta en el silencio. Como si el mundo hubiese sido cubierto por una capa de eco tenue, donde cada cosa aún recordaba su forma de vibrar. Elia se levantó con la sensación de haber dormido dentro de una palabra sin pronunciar. El fuego en el hogar se había apagado por completo, pero el calor permanecía. Lena ya no estaba dentro, pero su presencia quedaba flotando en la madera tibia, en el aroma persistente a salvia.
Elia caminó descalza hasta la puer