Ariana
La casa huele a madera recién cortada y polvo viejo. El atardecer entra por las ventanas abiertas, dorando las paredes medio desnudas que Killian y yo hemos tratado de devolver a la vida. Pero hoy, ese calor que suele reconfortarme no logra calar en mi piel. Está todo demasiado quieto. Como si el universo aguantara la respiración.
Él no ha dicho una palabra desde que el coche se detuvo. Y cuando abrió la puerta… vi cómo la sombra lo devoraba. Vi al Killian que intentó enterrar —el hombre