La oscuridad se filtró entre las aguas y el reino quedó al borde del colapso. Sin embargo, al final, con el sacrificio de Varión y su gente lograron lo impensable: sellaron la maldición y, con ella, a Atargatis en una cueva abismal, en lo más profundo del océano.
Allí quedó atrapada, restringida por barreras impregnadas con la esencia de los más fuertes: Varión, Mazia, Oánes, Rabana, Maliza, Calipso y los aprendices que sacrificaron su energía para sellarla y purificar el océano de su maldición.