—Archer — su voz, dulce pero firme, rompió el silencio de la noche submarina.
El tritón se volvió lentamente, sus ojos grises encontrando los verdes intensos de Ermys. Por un instante, una chispa desconocida brilló en ellos, como un faro débil en la oscuridad.
—¿Eres tú, Ermys? — su voz era un susurro ronco, cargado de confusión.
Ella extendió la mano, temblorosa pero segura. Sus dedos rozaron la mejilla de Archer, y sintió el frío que la sombra había dejado en su piel.
—Sí, soy yo — respondió,