El agua vibraba con la tensión de la guerra. Las corrientes parecían temblar, agitadas por la furia de los combatientes que se enfrentaban en un mar teñido de oscuridad y magia negra. Los reinos submarinos, antes divididos, ahora se unían en una alianza sin precedentes: Marabí, Clifford, Marzul y Paradise, convocados por la urgencia del peligro que Daya —la verdadera Atargatis— representaba.
Ermys nadaba entre las filas, su corazón latiendo con fuerza, pero no solo por el ritmo frenético de la b