El océano estaba más silencioso que nunca. No era la paz lo que lo envolvía, sino una especie de pausa antes del desastre. El agua, normalmente cálida, se sentía fría y densa alrededor de Archer, como si el mar mismo temiera lo que se avecinaba.
Había pasado días sin ver a Ermys. Desde aquel fatídico momento en que ella lo rechazó, se había perdido en un torbellino de pensamientos y emociones. La rabia, la confusión y la tristeza se enredaban en su pecho como algas oscuras que le impedían respir