CAPÍTULO 47 – El rescate de Kerana
Tao corría con una mezcla feroz de adrenalina y miedo. Cada árbol que dejaba atrás era un recordatorio de que Kerana estaba alejándose más y más, desprotegida, vulnerable en un territorio donde Camilo tenía ojos en cada esquina. Sabía que no podía alcanzarla solo, que seguir su rastro en la carretera sin apoyo era prácticamente una sentencia de muerte. Frenó en seco, respiró con fuerza y, sin pensarlo más, giró hacia el sector donde se enocntraba su hermano mayor.
Atuel lo vio llegar sudando, jadeando, con el rostro marcado por el pánico.
— ¿Qué pasó? —preguntó de inmediato.
Tao no podía perder ni un segundo.
— Kerana se fue. Salió del territorio… tomó la carretera. Está camino a la ciudad.
Atuel abrió los ojos, incrédulo.
— Dime que estás bromeando.
— No. Y sé exactamente adónde fue —respondió Tao—. A la Corporación Ardeon.
Atuel soltó un gruñido bajo, casi animal.
— ¿Ella sola, a ese lugar?
— Sí. No puedo dejarla llegar. Si Camilo la toca, si siqui