CAPÍTULO 21 – Madre e hijo
Arasy caminaba con paso firme, con una pequeña cesta colgada del brazo donde guardaba las plantas que encontraba a su paso. Tao la seguía unos pasos detrás, sin atreverse a romper el silencio. Sabía que su madre lo había llevado a lo alto de las montañas por algo más que simples hierbas medicinales.
Finalmente, Arasy se detuvo cerca de un peñasco cubierto de líquenes. Se agachó para cortar unas hojas de kalui, una planta que usaba para sanar heridas, y dijo sin mirarl