La lluvia cesaba sobre la ciudad cuando Marco y Valeria llegaron a la clínica. La tregua de su noche de sanación se disipó al cruzar las puertas automáticas, reemplazada por la urgencia de comprobar que Sofía estaba a salvo.
La encontraron estable, pero la jefa de enfermería, Laura, los esperaba con una expresión grave. —Tuvo un episodio de taquicardia ventricular—informó, bajando la voz—. Breve, autolimitado. Revisé todo: bombas de infusión, goteros, conexiones. No hay nada fuera de lugar. Fue