La tensión en la Clínica Mendoza había encontrado un nuevo equilibrio: frío, profesional y mortalmente silencioso. Marco y Valeria se comunicaban a través de memorandos y miradas fugaces. La alianza forzada por la verdad era tangible, pero la herida de su intimidad brutal aún supuraba entre ellos.
Fernando, desde su oficina, observaba como un halcón. Su victoria era incompleta. Los veía cooperar a regañadientes, y eso era inaceptable. Necesitaba que estallaran de una vez por todas. Y tenía el p