El Juego del Zorro
Isa Belmonte
El rocío de la mañana aún brillaba sobre el césped cuando Ana irrumpió en el desayuno con la furia contenida de una tormenta a punto de estallar. Su tableta golpeó la mesa de roble con un crujido seco que hizo que Elena, sentada en su trona, dejara caer su cuchara de mango plateado.
—Otro — anunció Ana, su voz un filo de acero. —Anoche. Almacén de componentes electrónicos en Milán. El mismo modus operandi. Limpio, rápido, selectivo.
Mario, que estaba dando de co