Capítulo sesenta y seis. Líneas que no se cruzan
La mañana amaneció limpia, demasiado tranquila para el nudo que Alexandra llevaba en el pecho.
Liam desayunaba concentrado en su cereal, haciendo dibujos invisibles con la cuchara, mientras Daniel revisaba el teléfono con una expresión que ella ya conocía demasiado bien: alerta contenida.
—¿Pasó algo? —preguntó Alexandra, sirviéndose café.
Daniel negó con la cabeza.
—Nada nuevo. Y eso, ahora mismo, es bueno.
Carlos llegó poco después, sin anuncia