Capítulo veintisiete. Nadie toca a mi familia.
Valentina despertó con una sensación extraña.
No era dolor.
No era mareo.
Era… inquietud.
Giró en la cama.
Marcos no estaba.
—¿Marcos? —murmuró.
Escuchó su voz en la sala.
Baja. Tensa.
Ella se levantó despacio, caminó hasta la puerta y lo vio de espaldas, con el teléfono en la mano.
—No vuelvas a llamarme —dijo él con voz fría—. Esto ya no es un juego.
Silencio.
—Te lo advierto, Victoria.
Valentina sintió un escalofrío.
Marcos colgó.
Se pasó la man