Capítulo sesenta y siete. Lo que se mueve en silencio
El silencio no siempre significaba paz.
Alexandra lo comprendió al despertar en mitad de la madrugada, con la sensación persistente de que algo había cambiado. No un ruido. No una sombra. Era más bien una ausencia. Como si una pieza se hubiera desplazado sin que nadie la viera caer.
Daniel dormía a su lado, respiración tranquila, un brazo rodeándola con naturalidad. Alexandra se permitió quedarse unos segundos ahí, aferrada a esa quietud, antes de incorporarse con cuidado.
Fue entonces cuando su teléfono vibró.
Un solo mensaje.
Número desconocido.
“Ella no va a atacar donde esperas.”
El pulso se le aceleró.
No respondió. No aún.
Se levantó y fue hasta la cocina, el reflejo de la ciudad colándose por las ventanas. Encendió la luz mínima y releyó el mensaje una vez más.
—¿Alex?
Daniel estaba despierto.
Ella se giró, mostrándole la pantalla sin decir nada.
Él frunció el ceño.
—¿Crees que es de Eleanor?
—No —respondió Alexandra tras u