Capítulo veinticuatro. Ensayo general para el “para siempre”
—No quiero una boda aburrida.
Valentina lo dijo con la boca llena de galletas saladas, sentada en el sofá con los pies hinchados sobre el regazo de Marcos.
—Perfecto —respondió él, masajeándole los tobillos—. Porque entre tu embarazo, tu humor cambiante y mi suegra supervisando, esto va a parecer un reality show.
Ella le lanzó una mirada.
—Mi madre solo quiere ayudar.
—Ayer “ayudó” diciendo que si no lloro cuando entres vestida de nov