Capítulo veintiocho. Donde termina el juego
Marcos no dormía.
Valentina sí.
Estaba de lado, abrazando la almohada de embarazo, respirando profundo, con esa calma que él ahora reconocía como sagrada.
Y por eso no podía permitirse fallar.
Miró su teléfono otra vez.
El mensaje del abogado seguía ahí:
“Podemos proceder con orden de restricción si hay pruebas de acoso. Necesito todo lo que tengan.”
Marcos apretó la mandíbula.
Esto ya no era orgullo.
Era protección.
— — — — — — — — — — — — — — — — —