Capítulo veintinueve. El lugar al que pertenecemos
La casa nueva olía a pintura fresca.
Y a futuro.
Valentina caminaba despacio por la sala amplia, con ventanales enormes que dejaban entrar la luz de la tarde. Marcos iba a su lado, pero sin tocarla… como si observara una obra de arte que ya es suya pero igual respeta.
—Es grande —dijo ella.
—Es segura.
—Eso no fue lo que pregunté.
Él sonrió apenas.
—Tiene jardín. Espacio. Privacidad. Cámaras. Seguridad 24 horas.
Valentina se giró.
—Marcos Hale…